Heraldo. España.
Lleva 14 años luchando desde detrás de la cámara para erradicar la trata. ¿Qué le llevó a convertirse en una activista?
Rodé el primer documental ‘Voces contra la trata de mujeres’ en 2005 y no lo vio nadie. Nadie hablaba de este problema. Conocer a Irina, una muchacha rusa de 19 años que vino a España engañada a estudiar Medicina y que fue vendida por 3.000 euros, marcó un antes y un después. Después de rodar ‘Los ladrones van a la oficina’ quería formarme y rodar cine.
¿Hay que ilegalizar la prostitución?
No, hay que abolirla. La prohibición significa políticas punitivas contra las mujeres, que son las más vulnerables y a las que hay que proteger. Yo soy abolicionista y mi modelo son los países nórdicos. No ent¡endo cómo una de las formas de violencia de género más perversas hacia las mujeres puede alguien pensar que es un oficio o trabajo como otro cualquiera. Invito a algunos hombres a pasar 15 horas al día en la ronda de un polígono industrial, sobre 15 centímetros de tacón y con 40 hombres distintos.
