El País. España
“La concentración de hoy es para visibilizar que este tipo de acoso sigue existiendo y que la universidad no es un espacio seguro para las mujeres. Y era un secreto a voces. Desde que entrabas en primero había comentarios. ¡Lo sabía todo el mundo!”, dice Almudena con una mezcla de rabia y de sorpresa. Pero una cosa son los comentarios y otra es tener los testimonios para plantear una denuncia ante la Unidad de Igualdad. Llegaron gracias al correo electrónico que pusieron en marcha cuando estalló el caso Weinstein. En principio, era su aportación particular al #MeToo, pero en ese buzón empezaron a encontrar mensajes de otras alumnas que habían tenido problemas con el mismo docente. “Empezamos a tirar del hilo y empezaron a salir casos… y dices: qué locura”.
