El País. EUA
La tarde del 3 de septiembre de 1944 Recy Taylor salió de la iglesia. Como cualquier otro día. “Era la que más lo disfrutaba de nosotros”, recuerda ante la cámara su hermano, Robert Corbitt. Estaba anocheciendo, así que Taylor emprendió, junto con un amigo y su hijo, el paseo hacia casa. Tenía 24 años, la edad con la que le destruyeron la vida. Porque, de pronto, un coche se acercó a los tres. Llevaba a siete tipos, todos armados, todos blancos. Taylor, en cambio, era negra. Lo que debió de parecerles a los ocupantes del vehículo razón suficiente para amenazarla y obligarla a subir.
